Voces de las Cuencas

Junta de Vigilancia del Río Mapocho Primera Sección: gestionar un río integrado a la vida de Santiago

La convivencia entre consumo humano, agricultura, servicios, industria y conservación ambiental plantea particulares desafíos para la administración del agua en la parte alta de la cuenca del Mapocho.
Desde la Junta de Vigilancia del Río Mapocho Primera Sección, su Gerente y Juez de Río, Claudio Bizama R., releva la necesidad de fortalecer el monitoreo, la coordinación y una mirada de largo plazo que permita proyectar al río como un patrimonio vivo de la ciudad
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Comunicaciones CONCA, 22 de septiembre de 2026

Montaña, áreas rurales y sectores urbanos forman parte del territorio en que desarrolla su trabajo la Junta de Vigilancia del Río Mapocho Primera Sección, organización de usuarios encargada de administrar y distribuir los derechos de aprovechamiento de aguas superficiales en el tramo alto de la cuenca.

Se trata de un territorio con una característica particular: el agua está vinculada simultáneamente al abastecimiento humano, la agricultura, los ecosistemas (entre ellos el Parque Metropolitano) y diversas actividades económicas. Esta multiplicidad de usos configura una realidad distinta a la de otras cuencas del país y exige compatibilizar necesidades diversas en un espacio estrechamente relacionado con el desarrollo de Santiago.

Para el gerente de la organización, Claudio Bizama, el principal aporte de la Junta consiste precisamente en asegurar una distribución eficiente, transparente y equitativa entre los distintos usuarios, resguardando el ejercicio de sus derechos y contribuyendo a una gestión coordinada de la cuenca.

En esa tarea, la información adquiere un papel cada vez más relevante. El monitoreo permanente permite contar con mejores antecedentes para adoptar decisiones en escenarios que se han vuelto progresivamente más complejos.

Una cuenca marcada por sus múltiples usos

La variabilidad climática, la reducción de la disponibilidad hídrica y el aumento de la demanda aparecen entre los principales desafíos que la Junta identifica para los próximos años. A ellos se suma la necesidad de fortalecer la infraestructura de gestión, mantener e incorporar nuevas tecnologías de monitoreo y profundizar la coordinación entre los distintos actores presentes en la cuenca.

En el caso del Mapocho, estas exigencias adquieren una dimensión adicional por la convivencia de distintos usos del agua. “El consumo humano, la agricultura, los servicios, la industria y la conservación ambiental exigen una gestión especialmente rigurosa y coordinada”, explica Bizama.

La expansión urbana y las crecientes demandas sobre el recurso hacen necesario disponer de información oportuna y mecanismos eficientes de distribución, pero también generar espacios de colaboración que permitan compatibilizar las distintas necesidades. Por ello, entre las prioridades de la organización está continuar actualizando y modernizando sus sistemas de monitoreo y control, fortalecer una gestión basada en información y promover una mayor eficiencia en el uso del recurso.

A ello se suma la colaboración entre instituciones públicas, organizaciones de usuarios y comunidades. Para la Junta, avanzar hacia una visión integrada de cuenca será fundamental para enfrentar escenarios de mayor variabilidad y los desafíos asociados al cambio climático y la seguridad hídrica.

Las organizaciones de usuarios como patrimonio institucional

En este escenario, Bizama destaca el papel que cumplen las organizaciones de usuarios de agua como entidades capaces de gestionar el recurso de manera participativa y cercana a cada territorio.

Su labor, señala, entrega certeza a quienes dependen del agua para desarrollar sus actividades, facilita la coordinación entre usuarios y contribuye a resolver conflictos y proyectar la sustentabilidad de las cuencas en el largo plazo.

Pero su importancia, plantea, también puede entenderse desde una perspectiva histórica. “La historia de Chile también es, en gran medida, la historia del agua”, sostiene Bizama, recordando que, desde los sistemas de regadío vinculados a los primeros asentamientos agrícolas hasta el posterior desarrollo de valles, ciudades y actividades productivas, el agua ha requerido formas de organización y colaboración.

Desde los inicios de la República, agrega, las organizaciones de usuarios han participado en la administración, distribución y resguardo del recurso, acumulando una experiencia que trasciende a cada organización individual.

Para el gerente de la Junta, ese conocimiento construido durante generaciones constituye “un patrimonio institucional de enorme valor” para enfrentar los desafíos hídricos actuales y futuros.

Un Mapocho para las próximas generaciones

La mirada de largo plazo de la Junta no se limita, sin embargo, a la administración y distribución del agua. También incorpora la relación entre el río y la ciudad que se ha desarrollado a su alrededor.

Para Bizama, fortalecer el vínculo entre la ciudadanía y el Mapocho constituye otro desafío relevante. La historia, el desarrollo y la vida de Santiago han transcurrido en torno al río, que ha sido un elemento estructurante de la ciudad y parte de su identidad.
Esa relación abre una pregunta que supera la contingencia hídrica: qué lugar debería ocupar el Mapocho en la ciudad durante las próximas décadas.

“Además de gestionar el agua de manera eficiente, debemos proyectar una visión de futuro que permita imaginar cómo queremos que el Mapocho acompañe a las próximas generaciones”, plantea.

La aspiración es que, dentro de 50 años o más, la ciudadanía continúe reconociendo al río no solo por el recurso que transporta, sino también por sus dimensiones ambientales, sociales y culturales.

“Sería muy valioso pensar en una ciudadanía que siga reconociendo al río como un patrimonio vivo, integrado a la ciudad, valorado por sus aportes ambientales, sociales y culturales, y gestionado de forma sostenible para el bienestar de todos”, concluye Claudio Bizama.

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